"Recuérdame", sobre peli Coco
Vida.Muerte.Vida. Es una secuencia de palabras con carga emotiva que repite a lo largo de su libro Mujeres que corren con los lobos Clarissa Pinkola.
Hace unos meses vi la película Coco, situada en México, y más específicamente, desarrollada en torno al día de los muertos y toda la cultura del país entorno al fenómeno. Escribo fenómeno por que aún no sé cómo nombrarlo, porque nací en Uruguay y mi educación me adoctrinó a pensar y sentir que la muerte es algo negativo.
Al mirar la película es inevitable no llorar, no recordar a algún ser querido que ya no está acá, mas sí en nuestro corazón. Es difícil también no añorar algún día asimilar el acontecimiento como lo que es: algo natural, que a todos nos va a llegar, y que la conexión con los que ya pasaron por eso es inmensa y más que estrecha.
El personaje central es un niño y eso no es una casualidad elegida al azar. Los niños aceptan de otra manera las cosas, o lo que es lo mismo, las aceptan sin tanto raciocinio. Hacen sus cálculos, sus análisis, llegan a conclusiones sencillas; por "puro sentido común". Considero que entienden y están más capacitados para hablar de la muerte que cualquier adulto. No tienen rodeos, no oponen resistencia, y eso no significa que no les afecte, al revés, lo sienten también, solo que desde un lugar de aprendizaje y no de negación.
Porque si negamos lo que ocurre, ¿qué nos queda? Lamentarnos de por vida. Intentando entender algo que no tiene lógica alguna, ni explicación. Lo que sí tiene es un motivo intrínseco para cada ser. Un ciclo que finaliza, y otro, nuevo, distinto, que comienza. En mí sin esa persona, y en el mundo en general, que sigue rodando y donde puedo poner en práctica mi conocimiento adquirido con la experiencia.
La espiritualidad está muy presente en este film y la música es un ingrediente que no deja de sorprender. Por su llegada, por la sensibilidad, por la empatía que despierta.
Otro gran tema que recorre la trama es la familia. Los mandatos sociales, los miedos arraigados de generaciones anteriores y, sin malas intenciones, depositados en los menores, la tradición de un oficio y su consecuente "estancamiento" de no conocer algo diferente. Pero lo más importante es la muerte.
La celebración. La fiesta. Las ofrendas. La ilusión con la que cada mexicano espera a sus familiares, para reencontrarse, para contarse novedades, para disfrutarse, para compartir.
El día de los muertos en México es eso, un evento feliz, un reencuentro amoroso. Suena loco, sí, suena inalcanzable, quizás también. Lo que me dá vueltas siempre en la cabeza entorno a este tema es el egoísmo. Nosotros no soltamos por egoísmo. Porque duele una pérdida, porque falta el abrazo real, porque falta el beso y los consejos, porque queda todo tan "en el aire" que no se puede agarrar. Y la paradoja del asunto es justamente esa: es infinito. Somos infinitos. Lo que una persona deja en nosotros es eterno, y se camufla con el tiempo, es decir, que de algo positivo o negativo puede surgir su contrario dependiendo el momento en el que esté recordando o atravesando ese duelo.
Una vez pasado el tiempo, veré con otros ojos. Y mi alma hablará otro idioma también. Uno menos conocido, menos difundido o preestablecido: el sonido del amor.
Que en este caso particular, es una búsqueda de identidad y un homenaje, una travesía y un secreto familiar que nadie entendía pero que todos escondieron bajo siete llaves, un despertar para revivir la alegría que el grupo familiar había perdido.
Revivir dije. Sí. Somos cíclicos. Vida.Muerte.Vida.
La película invita a recordar a los muertos, porque el día en que no lo hagamos, ese día, van a desaparecer. Y nadie quiere eso. Entonces, si ya los tenemos presentes, hagámoslo con más ruido y más a menudo, con más lágrimas de emoción y sonrisas entendiendo la misión, con más dedicatorias explícitas e implícitas, con más demostración, con más afecto.
Es raro sostener que cuando algo se pierde entendemos su valor, ¡y cuán a menudo nos pasa! No solamente con algo determinante como la muerte, sino con algo que no pudo ser (o no dejamos ser), con una situación o relación que no prosperó, con algo que implica un dolor y un darse cuenta.
Porque si me ayuda a crecer, es válido, si me ayuda a repensarme mis actos, también lo es, si me ayuda a ver desde otra óptica las cosas y la vida, por supuesto que sí, si me ayuda e invita a progresar; más que bienvenido en mis días.
Quiero siempre a esas personas que llegan para enseñarnos algo. Quiero siempre contar con la suficiente disposición como para invocarlas y saber que son maestros que con mucha conciencia y antelación esperamos.
Solo resta que cuando estén ahí, frente a nosotros, escuchemos y miremos con todos los sentidos, sumarle condimentos a la escucha y a la vista, reparar en lo no dicho y en las acciones.
Agradezco con cada partícula de mi ser todas las enseñanzas que nos marcan, que nos sopapean un poco para que nos arreglemos solos, que nos despiertan de una ilusión para mostrarnos cuál es la realidad y cómo dirigirnos mejor hacia ella.
"Hay personas a quienes les damos las gracias
solo por haber cruzado en nuestro camino".
Pd: Para descubrir quién es Coco es imperioso mirar la película...

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