Yo me perdoné










Perdonarse – Por Alejandro Corchs

Yo hubo un momento que me di cuenta que el dolor era inevitable. Había diferentes maneras de cómo nos había llegado el dolor.
A mí me había llegado a través de esta historia de vida, pero el dolor nos llegaba a todos.

Entonces, era tan importante el héroe de mi película, como el victimario en mi película. El que había traído lo peor de lo peor a mi vida. En realidad yo era la película “El abogado del diablo” y tenía de malo a Al Pacino. ¡Era terrible actor! Trabajando para mí. Era tan absurdo.

Cuando yo era adolescente, los militares asesinos de la dictadura, los que yo llamo 'milicos' (porque una cosa es ser militar. Es muy bueno querer ser un guerrero que defiende a su pueblo. Ahora, si no aprendés a amar a los niños y a los ancianos, no sos un guerrero. Podés ser un mercenario.
Entonces, las culturas antiguas, primero, un hombre o una mujer que quería ser guerrera tenía que demostrar que amaba a los niños y a los ancianos. Porque era lo que después iba a cuidar. Si yo te enseñaba todas las artes marciales y vos no amabas a los niños ni a los ancianos, después eras un mercenario. Al que te pagaba mejor era con el que ibas. O sea que podías venir en contra de tu propio pueblo).

Entonces, ser militar es muy bueno. Ser milico, es esos que se volvieron -por ignorancia- mercenarios.
Los defensores de eso, decían que no existían los desaparecidos de la dictadura. Los políticos de aquella época, decían que no existían los desaparecidos de la dictadura. Y si hay algo que yo sabía, que mis padres eran desaparecidos de la dictadura, cuando yo tenía un año y nueve meses y no estaban. Era tan absurdo salir a discutir con que estaba mal que habían asesinado a mis padres cuando yo tenía un año y nueve meses -que mis padres nunca habían levantado un revólver contra nadie- que ese día yo me perdoné. Que no tengo nada que discutir contigo. 

Estás tan mal que vos querés discutir conmigo. Pero yo tengo que encontrar para qué me pasó lo que me pasó en mi vida. Que tiene mucho más que ver... Yo tenía 18 años, 19 años, me había llegado el dolor como nos llega a todos, y dije: “pah, ¿voy a salir a discutir si tengo razón? No. Yo tengo razón”. Pero lo que tengo que salir a preguntarme para qué me pasó lo que me pasó, y en todo caso, si existe la vida después de la muerte cómo estarán mis viejos que murieron en medio de una tortura. “Ah, yo con esos no tengo nada que discutir”. Con esos que se declaran mis enemigos, como todos tenemos en nuestra vida gente que se te pone en la vereda de enfrente a decirte que está mal lo que vos sos. Pero yo igual tengo mucho para salir a encontrar, como todos tenemos que salir. Esa fue la primera vez que me perdoné. El día que dije: “no hay nada para discutir allá. No hay nada que discutir con ese que viene a hablarme mal, de enfrente. Pero sí hay mucho para caminar acá”.

Después el perdón, tiene otras puertas ¿no?. Porque al final nadie se merece el dolor. Y perdonarse es finalmente descubrir para qué está el dolor en nuestra vida. Finalmente quién sos y qué hacés acá, ¿no?”.





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