Ir y volver e ir
Un hilo empezó a abrirse camino,
no estaba solo
mas su capocha intentaba así hacérselo creer.
Por algún motivo imperceptible para el ser extra racional,
algo hermoso estaba naciendo,
o mejor dicho: aflorando.
Flores. Primavera.
Clima agradable y brisa que da placer.
Cometas. Hilos.Alas.
Abrir.
Al igual que las flores, que sacan su esplendor de a poquito
cuando en invierno no las tenemos en cuenta y sentimos que todo el paisaje es
monótono,
¡ZAZ!
pequeñas piedritas van haciendo el camino,
sin siquiera el ser (un poco menos) racional, ahora,
tome noción de la revolución de colores que se forma a su alrededor.
La primavera va llegando,
toma forma,
y llega ese momento inevitable
cuando tenemos el vidrio adelante de los ojos
estamos pegados a él
y si no queremos verlo...
ya es una elección consciente.
Siempre me intrigó y me intriga aún
cómo es que alguien puede negar su realidad.
Negar, palabra engañosa por naturaleza,
está en su rótulo: lo que es, no está vivo bajo esa mirada.
Vaya contradicción.
Y pesar para caminar contra toda la marea,
el viento en contra,
a contramano y tanto más.
Creo que realmente existen vidas que cuelgan de irrealidad,
una primavera que no hizo click para destapar,
un encierro lleno de miedo,
ese pequeño gigante que de tan grande
duda en tropezar.
Si hubiera sabido que era lo más profundo y lindo
crecer y vivirlo,
vivir para contarlo,
seguramente todavía estaría dudando
de dar ese primer paso.
Aprender a habilitar no es rápido ni simple,
diría que el tiempo pierde velocidad
y pasa a comandar de nuevo
cuando está del lado del coraje;
ahora el gigante es el ser,
cada vez menos racional.

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