La polis de Piria
En Piriápolis unos niños me quisieron robar una tortuga que ya no tengo más.
En Piriápolis vacacioné con mis abuelos y recuerdo esa casa como si fuera hoy.
En Piriápolis subí, caminé y conocí todos los cerros en distintos momentos de mi existir.
El San Antonio en la sillita, en 2009. El Arequita, en 2007 con el padre de una amiga que conocía de estrellas, de plantas y de mucho más. El del Toro en 2009. El Pan de Azúcar supongo que también aunque ahora no sé exactamente la fecha en que lo habité.
En Piriápolis había un restaurant con mi nombre: "Doña Catalina". El año pasado le saqué una foto a cómo se encuentra hoy día el lugar, abandonado, pero atesorado para siempre en mí.
En Piriápolis tuve el primer paseo del club al que asistía, y me cambié la malla durante el viaje. Otro recuedo vívido de ese viaje es la queridísima heladería El Faro, aún vigente.
En Piriápolis me quedo con ganas de más.
En Piriápolis la naturaleza te abraza por donde sea que mires. Por los cuatro costados, ella está.
El cielo, el cerro, el mar y el viento. La alquimia.
El castillo Pittamiglio. Las ruinas y lo actual.
Lo nuevo y lo viejo.
Lo que nunca va a ser viejo porque es auténtico.
Lo que nunca es del todo nuevo porque cambia todo el tiempo, o lo modifican según 'el qué dirán'.
En Piriápolis hay armonía. Es un balneario hermoso, que tiene todo lo que se precisa para descansar.
En Piriápolis hay magia. Sincronicidad. Cosas que se conectan. Señales. 'Coincidencias'.
No creo en ellas; ya lo expresé muchas veces en este blog y en otros sitios donde dejo mi huella. Creo que suceden gracias a la energía, al amor, a pensar en algo o alguien y que de pronto miremos hacia algún lado y eso se manifieste en un momento determinado, y no en otro.
En Piriápolis la rambla tiene un no sé qué.
En Piriápolis el tiempo parece no pasar. Voy desde que tengo cuatro y en cada ocasión siento un enorme deseo de volver pronto. O de volver.
Como decía Borges: "Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; no se extrañan los sitios, sino los tiempos".
Hay descubrimientos esperándonos.
Hay atardeceres que aún no vivenciamos.
Hay lunas escondidas atrás de las copas de los árboles cuidándonos.
Hay tanto que si solo recordamos cómo nos sentimos alguna vez en ese espacio,
si fue para bien vamos a regresar. Y vamos a añadir nuevas y ricas experiencias a las ya transitadas algún tiempo atrás.
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| 1948 |









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