10 meses (Ojo, ojo con este ojo, oooojo!)


Un verano como no hay otro (ni habrá)

Noches de chat. Madrugadas desveladas, siestas en la tarde, levantarse a la 1 del mediodía, ¿ o ya es la tarde? ¿Desayunar o almorzar? Seguía de vacaciones y sus horarios no se acomodaban. Cuando pretendía madrugar, se le hacia imposible. O por el taladro de los vecinos que están de reforma, o por el desfile familiar de: “Luc nos vamos, te quedas con Pipo.” De chica iba a la escuela de mañana, pero ya en el liceo le toco de tarde y rematamos con el bachillerato que viviendo enfrente al liceo, se despertaba 15 min. antes…Toda la vida la jodieron con que llegaba tarde y era la que vivía más cerca.
Cuestión que adoraba la mañana pero casi nunca la podía disfrutar. Lavar los platos de la noche, a eso de las 2, era su pasión. En ellos desquitaba toda la mala energía del día que paso. También lo hacia porque leyó un articulo que informaba que la pc, el celular y la tele son fuentes de mala energía antes de irse a dormir. Por eso es bueno terminar el día con un libro, una revista…Una canción agradable.
Los días de lluvia y tormenta le servían para reflexionar, para escribir, para concentrarse cuando ya no hay sol, ni voces, ni ladridos, ni maquinas haciendo vibrar sus paredes.
Tantas cosas desaparecen en la noche! Y tantas otras vuelven con el día… Como diría Pato, “de porque los sentimientos vuelven con el día”. Es un gran ciclo, y ahora en palabras de Peluffo “hay días que son tan perfectos y en la noche me siento morir”.
Si le habría pasado a esta muchacha, de apenas 19 años,  como dicen las canciones y viceversa. Como un evento tonto, simple, cotidiano, diario…hace cambiar por completo el día. Tanto así como un llamado, un timbre, una ventana de chat, una foto guardada en un libro infantil, encontrar esa caravana debajo de tu cama después de meses…Son cosas grosas. Será por eso que creía tanto en el destino, la casualidad en los nombres, los signos. Aunque poco a poco, intentaba desligarse de estos “preconceptos” basados en experiencias personales, emotivas que le decían todo el tiempo: “si a es Piscis,  g es Piscis, ya esta, no hay chance! Ahora entiendo todo.”
Hasta que un día llego una persona de un signo, pero que no poseía las características del mismo, ¡y Lucrecia no lo podía concebir! Pero era real. Es creer o reventar, como el mal de ojo. Todo es una cuestión de elección, pensaba mientras elegía a quien quitar de su vida para siempre y a quienes abrirles la puerta para ir a jugar…
A raíz de una creencia familiar y que de chica siempre estuvo presente, en reuniones y charlas, en esos días que todo salía mal y le decían: ‘Debes estar ojeada”,  se puso una cinta roja en su muñeca derecha y anteriormente en el tiempo, se hizo un tatuaje de protección. Nunca le pregunte si se sentía mas protegida, respaldada por alguna fuerza especial, o simplemente por ella misma, por su creencia en el  poder del Ojo de Horus. Cuando caminaba por la calle, recordando una frase de teatro “camina como si tuvieras un hilo que te sostiene la cabeza, derecha, mirando hacia delante, postura erguida ante la vida”, algo le decía que era especial, una especie de sapa de otro pozo, pero feliz. No le gustaba ser del montón y esa postura frente a los demás, la hacia realmente diferente.
A esto sumémosle que quería ser actriz y eso ya le daba un condimento…sensacional.
Tenia un caminar rápido, casi tan veloz como una estrella fugaz, y muchas veces era distraída al cruzar, al andar en bici. Más de una vez se asusto por eso pero continúo con su amigo mp4, gran aliado en los días de contaminación sonora en que vivimos.
Descubrió así en la música, en el cine, en la literatura, en el arte una gran fuente de inspiración, de relajación, de pensar…esto es para mí. No había elegido la orientación artística pero, ¿que más da? Tenía alma, mente y cuerpo de artista,  y con eso le bastaba. Ahora se venia la mejor parte…vivir como tal. Como una escritora, como una actriz, como una persona del y para el arte, como una distinta entre los iguales e igual entre los distintos. 

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