Simplemente no tenemos fin ∞


Caminaba feliz por la calle Mississippi con una bolsa de ropa del Indian Outlet, ropa en desacorde a la estación actual. La calle era en bajada y al transitarla, se puede ver el mar a unas dos cuadras de distancia: la hermosa rambla montevideana.
El día estaba veraniego por demás, veinticinco grados en octubre es una locura - pensaba mientras el sol le inyectaba su calor en los pómulos-.  Ella iba hacia el mar. Por esta característica de la calle que te transporta sí o sí a admirar la unión de cielo - agua  se decidió, justo después de bajar del ómnibus a usar la costa como "sala de espera.", dado que tenía unos diez minutos a favor para hacer tiempo. 

El mar abierto tiene algo que te conecta con el silencio, con tu verdad, tu aquí y ahora. El crujir de las olas, el ruido de fondo de los autos en el asfalto, el cielo, el sol y la arena, todo en la misma escena enmarcaban una tarde en la que la sensibilidad la encontró a flor de piel. Son de esos días en que uno está conforme con lo que vive, lo que decide y sobretodo, internamente, es decir, con uno mismo. Cuantas veces se preguntó si esto existía, si llegaría el momento "clic" en que ves tu vida alineada y disfrutas de cada cosa que pasa, tomando todo con paciencia, sabiendo que las experiencias nos van dando las herramientas. Qué gratificante! Casi sin querer, en estos momentos de pleno placer, aparecen sentimientos del ayer y ya no los repela o encasilla: los deja ser, los entiende como forma del crecer y sonríe al encontrarles una conexión. Lo que más gracia le causa y a la vez, ya no tiene mucho misterio, es que se refieran al amor, al amor en una forma que brota desde el alma, que no se explica en palabras concretas, sino en una amplia sonrisa y un bienestar al evocar a esas personas. Plural porque son dos, una más significante que la otra, sí, se lo dice rotundamente, aunque comparten la sensación de nunca desaparecer de su memoria. Y eso es más que valioso.
Cuando piensa todo esto y lo anota en su mente para luego pasarlo a la libreta, levanta la vista y aparece un señor que sale de la playa con una bicicleta. Zaz! Él está acá, se dice para sí. Y no es la primera vez que le sucede algo así, por suerte nunca se asustó sino que lo hizo natural al vivenciarlo en carne propia.
Al otro personaje no se lo suele cruzar en un ser con otra cara, pero de alguna manera también la acompaña en este camino del crecer, en cada nuevo vínculo, en cada forma de comunicación que genera una complicidad, en cada risa que nace desde el humor. Entender todo esto para simplificarlo en que son cosas que deben pasar para ayudarla a definir lo que es ella hoy, fue un proceso paulatino.
Hay que estar dispuesto a abrir el alma, a auto-abrirse como ser y poder evolucionar, avanzar, caminar y caminar y caminar, hacer malabares de vez en cuando; también, aunque sin dejar de caminar.

Miró el celular y por la hora que era ya tenía que cruzar al otro lado de la rambla para irse.
La bolsa de ropa, oficiaba de desecho, la iba a dejar para siempre: ni en un banco, ni en un contenedor, sino dejarla ir.¿Con qué razón conservarla? Si pertenecía a otro ciclo, a otra etapa de su vida. Seguro el que da, en algún momento recibe.
Con la madurez del presente comprobó que no la usaría de aquí en más. No nos contó cuál fue finalmente el paradero de la bolsa de Indian Outlet. Lo que sí pudimos constatar es que en el banco quedó una marca del paso de su silueta acalorada, y el recordar ( "volver a pasar por el corazón" como dice Galeano) eterno de sus instantes.





Video elegido para acompañar lectura: http://www.youtube.com/watch?v=meFXqDnJ0aY




Comentarios

Entradas populares de este blog

"Recuérdame", sobre peli Coco

Yo me perdoné

Una mirada canina *