Se acercaba el fin de semana e intuí que tendríamos visitas. Las más regulares del hogar son mi hermana y mi cuñado, a los que quiero con locura. Mi amo estuvo despejando el área de la estufa, acomodando la leña, separando la que iba a dejar usar a Nicolás y la que no, así que confirmé mi teoría: era noche de asado familiar. En nuestra casa en particular eso puede ser una gran caja de sorpresas porque dependiendo de la energía de los comensales y sus temas a tratar mediante la reunión, será grato o no el resultado de la hazaña. Si se hace a fuego fuerte, sin escatimar en la cantidad de ramas y troncos a utilizar, avivando las llamas cuando sea necesario y cocinando con paciencia tanto para quienes comen crudo como para quienes comen cocido, todo puede marchar sobre ruedas. Yo, la verdad que disfruto. Cada pedacito que me convidan, es oro. A veces también ligo cuando cae un regalo desde la mesa y todos exclaman: “¡no! Justo lo más rico le toca al perro”. Ta, gracias. También ...
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